La paradoja francesa

El reconocimiento por parte de científicos y el público en general de los potenciales efectos beneficiosos para la salud de un consumo moderado de bebidas alcohólicas se incrementó aproximadamente hace dos décadas con los informes sobre la denominada paradoja francesa: altos niveles de factores de riesgo (como una dieta rica en grasas saturadas, tabaquismo y poca actividad física) entre los franceses, pero tasas muy bajas de enfermedades coronarias. Miles de publicaciones desde entonces han confirmado que el consumo moderado de bebidas alcohólicas, en especial vino, está asociado con un riesgo menor de padecer muchas de las enfermedades propias de la edad.

Cuando, en el año 1991, el prof. Serge Renaud informaba al público, en un programa de la televisión estadounidense, que el consumo moderado de vino podía reducir el riesgo de padecer enfermedades coronarias, era la primera vez que se sugería en un canal de noticias fiable y de prestigio que el consumo de bebidas alcohólicas podría reportar beneficios y no sólo efectos perjudiciales. Esta información llevó a una serie de científicos y expertos a intentar explicar, de inmediato, esos bajos índices de enfermedades coronarias registrados entre los franceses por factores distintos de la ingesta de vino: los franceses desconocían cómo se diagnostica una enfermedad coronaria; los franceses no tenían en realidad una dieta alta en grasa; aunque sí es verdad que se observaba un índice menor de enfermedades coronarias, muchas personas morían por causa del abuso del alcohol y no se podía promocionar su consumo. Estas críticas no han superado la prueba del tiempo.

Es evidente, a partir de muchos estudios de investigación coherentes, que los bebedores moderados, en especial, de vino, registran índices menores de muchas enfermedades, en especial, las enfermedades cardiovasculares, y son más longevos. Muchos han mostrado una relación en forma de curva de jota entre la ingesta de bebidas alcohólicas y la morbilidad/mortalidad resultante, indicando que el etanol tiene efectos tanto beneficiosos como perjudiciales sobre la salud.

Asimismo, se han identificado un gran número de mecanismos, incluidos los efectos del consumo de alcohol sobre los lípidos en sangre, la función endotelial, la coagulación, la inflamación, el metabolismo de la glucosa y la expresión de los genes. En muchos estudios, el consumo moderado de vino parece mostrar más beneficios en comparación con otras bebidas alcohólicas y se sugiere que las sustancias polifenólicas en el vino (más abundantes en el vino tinto que en el blanco) pueden tener algo que ver. No obstante, los mecanismos son complejos y no sólo la cantidad de alcohol, el tipo de bebida o los ingredientes específicos del vino como los polifenoles, sino también las pautas de consumo pueden ser responsables.

En contraste con un consumo moderado, el abuso del alcohol (consumo esporádico intensivo o excesivo) se asocia con un incremento de todas las enfermedades.

Para la mayor parte de los adultos de mediana edad y de edad más avanzada, salvo que existan contraindicaciones para el consumo de alcohol, una ingesta moderada de vino con las comidas se puede considerar parte de un estilo de vida saludable.

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